Capítulo 13: “El demonio del escudo” 
Un presentimiento y un reflejo veloz de Naofumi salvan a Melty de ser asesinada por uno de los soldados de su propio padre. De nuevo, la princesa Mein conspira: esta vez, el objetivo es deshacerse de la princesa heredera al trono, y el héroe del escudo es el chivo expiatorio natural.
El plan de Mein funciona, y teniendo de su parte a la Iglesia de los Tres Héroes, Naofumi, Raphtalia y Filo son acusados de secuestrar a Melty
 Ante esta situación, el héroe del escudo se decide: van a viajar a otro reino, a Silvelt, y Melty irá con ellos por protección. En el camino, los otros tres héroes, Mein y un grupo de soldados dan con ellos y los rodean. Naofumi y Melty tratan de razonar con los héroes, pero Mein se interpone y los acusa de haber lavado el cerebro de la pequeña princesa.

Inevitablemente, se produce un intento de huida y una batalla en la que Mein no solo ataca a Melty, sino que expone su intención de matarla. El grupo consigue huir. Ya a salvo, aparece un agente de la reina para pedirle a Naofumi que se reúnan, y mientras discuten qué hacer, Mein ha vuelto a tramar algo: el bosque está en llamas.

Análisis: Segunda caída en desgracia
Nuevo arco, nuevo opening y nuevo ending; en este capítulo de Tate no Yuusha no Nariagari se desvelan las claves del segundo arco de la ya exitosa serie de aventuras fantásticas en un mundo paralelo (Isekai).  

En realidad, el planteamiento del nuevo ciclo es una segunda caída en desgracia del protagonista, con los riesgos argumentales que conlleva la repetición. Si peca o no de esto último, es todavía muy pronto para establecer un juicio. No obstante, voy a romper una lanza a favor:

En primer lugar, la perspectiva con la que aborda Naofumi el problema es totalmente distinta. La reacción instintiva al salvar a Melty es una muestra de su evolución psicológica. De hecho, el héroe del escudo aprende de sus errores a la primera y no los vuelve a repetir, integra la experiencia y le da el uso necesario para no caer dos veces en la misma trampa. 

Atrás queda el joven profundamente afectado por la opinión que la sociedad tiene de él. Naofumi se reafirma en el segundo arco con los logros del primero. Su lucha por la aceptación se ha resuelto en los fuertes vínculos con sus allegados, y, sobre todo, (aunque les pese a los fans con deseos de romances) tiene a “sus hijas”. Por lo tanto, estamos ante un Naofumi con cierta estabilidad emocional que identifica lo importante. Esto no quiere decir que haya alcanzado un estado ideal de héroe, pues todavía tiene que sobreponerse a su propio rencor. (Debería salir de la burbuja protectora de sus compañeras y tomar el liderazgo de los cuatro héroes).
 En segundo lugar, la serie hace uso de la catarsis (empatía del espectador) por medio de la tensión dramática, una técnica que últimamente veo bastante abandonada. Tengo el convencimiento de que es una de las grandes claves del éxito de la serie. El primer arco nos enseñó que la mentira y la injusticia están limitadas por el testimonio de la verdad a través del esfuerzo. Naofumi demostró con actos su valor y fue progresivamente apreciado por ellos, a pesar de las infamias del rey y su hija.  Ahora, otra vez, se produce un nuevo conflicto y el héroe es despreciado una vez más. Es precisamente ese cúmulo de maldades lo que nos hace reaccionar y conectar con una fuerte intensidad emocional con el protagonista. Y es que sufrimos con él, nos indignamos con él (porque los otros tres son idiotas) y odiamos a Mein (más que él mismo). Esta tensión fue la que me hizo seguir la serie, quedé atrapada, conmovida. 
 En el uso de esta técnica me vienen a la memoria desde los sentimientos que me despertaba Cosette en Los Miserables de Víctor Hugo, pasando por los equívocos fatales en cada ruptura que tenían Miki y Yuu en Marmalade Boy, las desgracias de Tsukushi Makino en Hana Yori Dango, hasta el drama de dimensiones titánicas de Ie Nani Ko Remi  (que, para verla, hay que comprar pañuelos para una vida). Aunque, por supuesto, Tate no Yuusha no llega ni de lejos a esos extremos (menos mal). 

De “santo del dios pájaro” a “demonio del escudo“
En este capítulo, los enemigos de Naofumi cambian el nombre que se había ganado con actos de bondad y valor por su némesis: de santo a demonio. Pero, a pesar de la trampa que le tienden (que, por cierto, ¡menuda edición de imagen tiene la bola de cristal!; las Fake News en Melromarc están a otro nivel), creo que el hecho de que lo llamen “demonio” es una victoria: Ya no pueden ignorarlo o despreciarlo. Ya no puede ser un simple criminal. Es mucho más fuerte que los demás héroes. Es un santo o un demonio, pero no es un cualquiera. 

En cuanto a enemigos, se perfila definitivamente que la Iglesia de los Tres Héroes lo es y está aliada con la princesa Mein.
 ¿Qué comentar sobre Mein? El capítulo comienza y termina con sus maldades. Ese final abierto con su risa maquiavélica iluminada por las llamas es tremendo (tanto que me resulta algo cómico). Es un personaje al que podríamos criticar por su exageración, quizás; pero como estoy convencida de que por desgracia es un tipo que abunda en la vida real, mi crítica va hacia la actitud de los otros héroes: ¡no pueden estar tan ciegos!¡Confiesa, frente a ellos, que va a matar a su hermana!
 Por otro lado, comparto la opinión de Melty sobre su padre; creo que no es un enemigo per se, sino que lo manipula Mein. Piensen en la forma amorosa tan espontánea con la que recibe a su hija heredera en el capítulo anterior.

Melty, la princesa heredera, y su familia
Aunque no es la protagonista exclusiva, es evidente que el papel de Melty destaca en este capítulo. Su personalidad se desarrolla en diferentes actitudes a lo largo del episodio, dejando ver su lado emotivo y vulnerable, el que se le presupone en una niña de su edad, junto a una dignidad en momentos críticos que nos hace comprender a la perfección por qué ella es la heredera al trono. (Aunque ya conocemos a su hermana y sabemos que dárselo a ella sería una catástrofe peor que las olas.) En el minuto 6:30 aproximadamente, Melty resume su personalidad en una simple acción: llorar como una niña por cuestiones de estado. Entiéndase no en un sentido negativo, sino una muestra ideal del conflicto interior entre niña y la heredera al trono. 

Es evidente, también, que refuerza su vínculo con Naofumi y pasa al elenco de sus compañeras de aventuras. Esto promete escenas graciosas de celos, y ya tenemos la primera con Raphtalia ofendida porque Melty no ha usado el sufijo –sama para Naofumi.
 En esta misma sintonía, la familia real es también protagonista. El episodio suma más misterios de los que resta, pero nos desvela que la sociedad y el poder son matriarcales y que la reina es la más poderosa. Sí, la que aparece siempre entre guardias custodiada y que parece encarcelada. Pero, pero, pero… ¿qué? (A propósito de esto, tengo que comentar la entrada de la cortesana-ninja (“degozaru”): ¿por qué tenían que meter un ninja? ¿Es un requisito obligatorio el guiño ninja en el anime o qué? 

¿Cambio de actitud?
En cuanto a los tres héroes, suceden eventos interesantes. (Al fin)  Motoyasu, que más que un irresponsable o un producto de la manipulación constante en su entorno como podrían ser los otros dos, es un sinvergüenza en mi opinión, sigue en su línea. Estoy convencida de que se autoengaña para vivir su aventura ideal, porque sus actos son numerosas veces cobardes y muy rastreros, casi al nivel de su amada.  

A modo de ejemplo, el momento en el que lanza un ataque para atrapar a Filo, prioriza capturarla a la caída tan curiosa que se pegan todos, incluida la princesa Melty, cuando intentan escapar volando.  Su comportamiento con Filo no ayuda, es desagradable. En este capítulo, Filo solo lo lanza por el aire, me gusta más cuando le golpea la entrepierna con contundencia.
 Itsuki Kawasumi merece mención por personaje invisible del episodio. 

Uno de los momentos más significativos es el encuentro de palabras entre Ren y Naofumi. El héroe del escudo apela a la lógica de Ren. Si alguien puede salir del engaño, es decididamente él. Cuando le lanza el emblema de la Iglesia, es una invitación a la reflexión y el sentido común. Este, efectivamente, tiene pruebas de sobra ante sus ojos para sembrar la duda. Personalmente, estoy convencida de que va a cambiar. Espero empezar a escucharme a mí misma decir Ren, en vez de agruparlo con los otros tres héroes. 
 Nuevo opening y nuevo ending
Se podría decir que no, no me he enamorado a primera vista (ni “a primer oído” si se me permite el juego) del segundo opening. Mis oídos se hicieron al momento y ritmo del primer opening, así como a sus movimientos, ese comienzo tan vibrante que no puedes dejar de cantar (tiene ya su huella en las redes ese “uoooh oooh oooh oh oh, oh, ohoh”).  Además, da la sensación de que reutiliza los movimientos que tan bien funcionaron en el primero: los momentos de rap, jaulas y cadenas; ya los hemos visto antes.

El ending es el esperado, un cierre suave con imágenes y música amables. (Y es que los endings reseñables son muy raros, pero cuando aparecen, encantan. No se me quita de la cabeza el de Double Decker!Doug & Kirill).

A modo de conclusión
Tate no Yuusha rescata otra vez en el nuevo arco la esencia del verdadero héroe, que no lucha por la fama sino por la justicia. Pero en el mundo del poder y las jerarquías, la bondad no siempre es premiada. La lección sobre hipocresía y fama es uno de los mejores puntos de la serie y lo vuelve a explotar (deseamos que para bien, sin caer en la repetición).

Además, Naofumi se reafirma como un héroe con un poder y una dignidad muy superiores a los otros tres, aunque esperamos a Ren con ansias. 

Por último, nos deja con la intriga de si se irán al reino de Silvelt o verán a la reina, que está en la dirección contraria. Probablemente, no seamos pocos los fans que estamos deseando que se vayan a otro reino.

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