El pasado mes de noviembre un animador de P.A. Works hablaba sobre las condiciones de trabajo y el sueldo de un animador en la industria del anime. En su caso, tras los gastos en comida, transporte y vivienda, apenas le quedaban 1.477 yenes (unos 10 euros) para sus gastos personales. El animador no había podido dar el salto de in-betweener a animador clave tras tres años de trabajo, lo que además implicaba que tenía que seguir pagando un “alquiler de escritorio” en el estudio que ascendía a 6.000 yenes mensuales. Según los datos que mostraba, el máximo sueldo que había llegado a recibir fue de 67.569 yenes (unos 550 euros) el pasado mes de octubre.

Aunque desde P.A. Works desmintieron que se cobrase nada por el uso de los escritorios, sí confirmaban otros detalles que dejaban en evidencia una vez más, las precarias condiciones laborales que se encuentran muchos animadores en la industria del anime. Desde el Business Journal han entrevistado a Osamu Yamasaki, director de series como Terra e o Hakuouki, y director de la Japan Animation Creators Association, quien ha tratado nuevamente el tema. Sus comentarios reflejan nuevamente el duro mundo laboral al que debe enfrentarse un animador en la actualidad.

Un animador suele cobrar en base al trabajo realizado, con lo que aquellos más hábiles dibujando o más rápidos pueden alcanzar cifras de cinco o seis millones de yenes cuando son jóvenes. Eso sí, esta cifra llega sacrificando todo lo que se aleja del trabajo, incluyendo el tiempo para uno mismo y la vida social, puesto que un animador puede dedicar tranquilamente 10 horas diarias a su trabajo. Sin embargo, esos son solo unos pocos privilegiados, siendo bastante común que un animador deba sobrevivir con menos de un millones de yenes anual. Estos bajos sueldos hacen que durante los primeros tres años, el periodo habitual para que un animador novato desarrolle sus habilidades, supongan un escollo demasiado grande para muchos y acaben abandonando la industria.

Aunque en Japón abunda el talento joven y dispuesto a dedicarse a la animación, solo un pequeño porcentaje consigue mantener la ilusión tras encontrarse con la dura realidad de las condiciones laborales: “Hablando de porcentajes, hoy en día solo una de cada diez personas que entra en la industria, se queda en ella“, estimaba el señor Yamasaki. Como resultado, el mayor grupo generacional en la industria se encuentra ya en los 40 y los 50 años, siendo la generación que se vio atraída por series como Space Battleship Yamato o la Mobile Suit Gundam original. “En otros 10 años, la mayoría superará ya los 60 años y el futuro de la producción de anime puede ponerse muy negro“.

Los estudios que pueden ofrecer mejores sueldos, mayor productividad y empleo más estable son, como era de esperar, los más grandes. Con ello aquellos con mayor talento acaban abandonando los estudios medianos o pequeños, lo que a su vez desanima a los estudios a la hora de formar a nuevos animadores. La tendencia fuera de los grandes estudios es contratar a los animadores como freelancers y presionarles para que entreguen rápido su trabajo. Así se cierra un ciclo en el que los pequeños estudios acaban siempre con trabajadores inexpertos, con poca habilidad y productividad, que cobran muy poco. Los buenos animadores intentan siempre conseguir un puesto en los grandes estudios por sus mejores condiciones y hace imposible a los más pequeños conseguir mejores animadores.

Para poder con la carga creciente de nuevos animes cada temporada, los estudios grandes subcontratan parte del trabajo a estudios más pequeños, pero los márgenes de beneficios tras los costes de producción se van reduciendo al ir bajando niveles. Si un anime no se convierte en un éxito, los estudios acaban con una gran deuda, lo que les obliga a buscar patrocinadores e inversores para no arriesgarse demasiado. Aunque algunos bombazos como el de Kimi no na wa. pueden llegar a repercutir en los in-betweeners en forma de más dinero, generalmente el equipo apenas recibe beneficios por la buena marcha de un anime. Yamasaki asegura que “los beneficios se están reduciendo para todos los animadores, no solo para los novatos“.

Dadas las circunstancias, el amor al arte de la animación y la pasión por el anime son los únicos motivos reales que tienen los animadores para permanecer en la industria y lo que los hace permanecer en ella. Yasamki asegura que “los animadores no suelen preocuparse por el dinero ni reunirse para negociar con los jefes. No hay muchos que hagan que sus voces se escuchen“. Cree también que muchos directores comparten la “sensación de crisis” a la que Hideaki Anno hacía referencia en 2015, cuando mencionaba las dificultades para encontrar personal y financiación en la industria del anime y comentaba que, en su opinión, en cinco años la afectaría gravemente. Según Yamasaki, “Tal vez el anime necesitase crear un nuevo modelo de negocio“.

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